Para pedro

La imagen era muy clara: un hombre orbitaba en torno a la estela de luz que emitía un potente foco dirigido hacia el suelo. De ésta estela de luz naranja, en forma de elipse, se desprendía un tímido reflejo de sombras que dejaba Wallace a su paso por una de las esquinas de la sala; una sala donde estaba completamente solo.
Fuera de la sala, a través de un vidrio, yo intentaba seguir hipnóticamente los reflejos en la pared sin pretender descifrar de que se trataba todo.
Este estado hipnótico también parecía poseer a Wallace, al tiempo que repetía en voz alta un libreto que no se escuchaba por el vidrio que separaba al publico de la acción. De unos parlantes sobre el techo, se escuchaba la voz de Wallace repitiendo fragmentos de Pedro Páramo, al parecer, los mismos que repetía como un autómata en su trayectoria alrededor de la luz.

– Juan Pablo Plazas

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