¿Qué es Laagencia ? CV Sin querer saberlo > Un espacio como formación Delirios Contra la Integridad Uno no sabe lo que tiene hasta que no lo vende. Blanco & Negro Entrevista Re: Re: Re: ~ Felipe Arturo

Ponencia en el IV Encuentro de Investigaciones Emergentes

Sin querer saberlo 

(…) la historia debería ser contada en primer lugar por sus protagonistas y sólo después por los especialistas; que la historia, antes de convertirse en densos volúmenes, sea elaborada primero como cuento, casi, se diría, como chismorreo de vecinos, en esas tardes largas y espaciosas en que las gentes comunes gozan amonedando en palabras los dramas y las maravillas del pasado y del presente.

Esta actitud hacia la historia es natural en una cultura que siempre encontró en los hechos cotidianos el tema de sus canciones, que supo exaltar las situaciones más comunes en símbolos perdurables.

William Ospina1

0.¿Qué significa enunciar un espacio como formación?

Hola buenas tardes, somos Mariana Murcia y Santiago Pinyol, venimos en representación de Laagencia, colectivo de la cual también son parte Diego García, Sebastián Cruz y Mónica Zamudio.

Laagencia es una oficina de proyectos de arte que funciona desde el 2010 en Chapinero. Durante este tiempo hemos hecho muchas cosas, y funcionado de otras muchas. El nuestro ha sido un trayecto de constante cambio, con crisis periódicas, donde no se ha seguido un proceso lineal o lógico.

Recientemente hemos dividido la breve historia de nuestro espacio en tres bloques temáticos: Constitución, Institución y Formación. Este recuento, por un lado, responde a la historia de un espacio; su concepción, adecuación y uso, a las razones que llevaron a su abandono y lo que esto significó. Por otro lado, queremos entender y enunciar el espacio autónomo como un proceso y proyecto de aprendizaje ¿qué hace posible esa interpretación?, este entendimiento de un espacio como proceso de formación, tiene mucho que ver con el proyecto de la Escuela de Garaje en el que trabajamos actualmente y del que hablaremos al final.

Si estamos hablando de aprendizaje y formación es inevitable hablar de investigación, no sólo sobre prácticas artísticas e instituyentes, pero también sobre estrategias y metodologías de trabajo, creación, mediación, autodefinición y criticalidad. Una línea que evidencia una forma alternativa de hacer, de instituir y de relacionarse, en el que subyace una inteligencia, una sensibilidad.

 

1.CONSTITUCIÓN

Todo empieza de una forma accidental; un edificio en desuso, el lugar perfecto para tener un estudio ideal, barato y donde era posible hacer obra, reunirse, hacer fiestas, desorden, sin horarios de entrada ni salida, en un barrio estratégicamente localizado. Ocurre entonces un proceso de ocupación clásico entre colegas, no politizado e invasivo, de manera ordenada y administrada. El espacio empieza a ser ocupado no sólo por artistas recién graduados, o a punto de graduarse, sino también por arquitectos y diseñadores; empieza a haber no sólo estudios y talleres sino también oficinas, una comunidad incipiente no declarada, un lugar de intensidad e intereses comunes.

De esa condensación surge un grupo de estudio que funcionaba de manera sencilla; nos reuníamos una vez por semana a discutir un texto, normalmente sobre teoría del arte o filosofía. En la selección del texto intervenía todo el grupo y dependía de preguntas particulares que tenían que ver con el desempleo (inminente) y desocupe al que nos enfrentábamos; ese momento de desaprendizaje puso a prueba lo que supuestamente se aprendió en la universidad, las convicciones personales, y donde empezaron a aparecer puntos ciegos de aquel proceso. Algo de tierno tenían esas sesiones, que buscaban paliar ese síndrome de abstinencia educativa, de búsqueda de algún orden de ideas, de equilibrar la teoría y la práctica en la vida real, o para ser más técnicos, en el campo de la producción.

Estábamos saliendo de una institución y ¿Entrando a dónde?¿De qué manera?

Hay, por supuesto, un “afuera” de la institución, pero no posee características sustantivas fijas. Es sólo que, en cualquier momento dado, no existe como objeto de discursos y prácticas artísticas. Pero así como el arte no puede existir fuera del campo del arte, nosotros no podemos existir fuera del campo de arte, al menos no como artistas, críticos, curadores, etc. Y lo que hacemos fuera del campo, en la medida en que permanece fuera, puede no tener efecto alguno dentro del mismo. Así que si no hay un afuera para nosotros, no es porque la institución sea perfectamente cerrada, o exista como un aparato en una “sociedad totalmente administrada,” o haya crecido tanto que todo lo abarca en tamaño y alcance. Se debe a que la institución está dentro de nosotros, y no podemos conseguir salir fuera de nosotros mismos.

Andrea Fraser2

Todo tenía que ver con la situación laboral y profesional de los integrantes del grupo, mientras unos planeaban la fuga del país en busca de un mejor futuro, otros trataban de entender su papel en esta ciudad; temas como la crítica institucional3, prácticas post-estudio4, la famosa división de lo sensible y la estética de la política5, empezaron a darle forma a algo que buscaba un lugar. El edificio tenía un espacio característico, un local comercial de cara a la calle en estado de abandono, que funcionaba como trastero y que veíamos de reojo todos los días. Ese local se convirtió en nuestro contenedor, le dio orden a las discusiones del grupo de estudio, le dio una agenda y de alguna forma nos permitió hacer públicos, de forma más tangible, los temas que nos reunían en un mismo espacio. Después de algunas asambleas y reuniones conformadas, no solo por el grupo de estudio, sino por la comunidad del edificio, se organizó un grupo de trabajo y de toma de decisiones que le empezó a dar una estructura y un carácter, así como unas reglas de juego, a lo que se denominó Laagencia.

Los parámetros que definían ese espacio se volvieron nuestra declaración de intenciones, y se planteaban desde tres premisas básicas y características (Estos fueron los textos fundacionales que constituyeron las prácticas con las que Laagencia se comprometía)6:

Sobre las exposiciones individuales

En Laagencia sólo tienen lugar exposiciones individuales, no colectivas. Y es que la mayoría de proyectos que este espacio acoge, son procesos que se conciben desde el espacio en sí y, si no desde ahí, desde el ejercicio de pensar en adaptar ese lugar para contener una idea precisa, una sola voz que puede hablar de muchas cosas, solamente un sujeto o un proyecto que se desdobla a su conveniencia valiéndose de sí mismo. Específicamente en Bogotá el modelo de curaduría ha caído en un lugar estéril inducido por el permanente reencauche de una serie limitada de artistas y de formas de producir exposiciones. La fórmula que parecía estar dando una significativa modernización a los discursos locales, sólo consigue poner en evidencia un juego de poder y un ordenamiento de una conducta apática. Ya ninguna novedad aparece en estas formas de ordenar y producir nuevas lecturas, las obras de los artistas se estrechan y resumen en pocas piezas a tal punto que ellos mismos ya no muestran sus procesos, no buscan experimentar sino improvisar en un formato más, para otro formato ya institucionalizado. La decisión de hacer exposiciones individuales es una manera abierta de crítica hacia otros modelos y a la vez una decisión que nos impone el tamaño del espacio.

Este es un espacio de co-producción

Nosotros debemos hacer parte del proceso de hacer la obra pública. Ante todo Laagencia está conformada por artistas, y al ser esto un proyecto de arte, apreciamos cómo un trabajo colectivo crea sentido desde la parte que nos corresponde, que es todo lo que le atañe al espacio. Los 40 m2 son para nosotros un soporte sobre el cuál tenemos la posibilidad de trabajar, donde las ideas toman un lugar físico concreto, por eso le apostamos a formatos abiertos y al experimento. El riesgo lo compartimos con el artista cuando de mostrar se trata. A partir de nuestra experiencia con estas exhibiciones individuales se han construido proyectos que generan coherencia y exploran la especificidad de un lugar, dejando claro que el interés no es circular, es expandir la práctica de los procesos hacia otros ejercicios y hábitos que hacen parte de la producción individual de cualquier artista.

Somos una plataforma para el intercambio de saberes

En Laagencia suceden encuentros; es un espacio que le apunta a lo interdisciplinario. Empezando porque está ubicada en un edificio donde todos los días trabajan artistas, diseñadores y arquitectos, por esto, en Laagencia hay tiempo y lugar para aprender, debatir, preguntar, conversar, intercambiar, practicar, presentar, trabajar y construir desde cualquier área de saberes. Creemos profundamente en modelos informales y en relaciones horizontales; nos gusta pensar que estamos alejados de formatos tradicionales académicos o metodologías dogmáticas. Perseguimos el objetivo de construir colectivamente alrededor de cualquier idea que quiera ser compartida en torno al arte contemporáneo y en este sentido a aproximaciones culturales. Nuestro proyecto de formación no pretende grandísimas escalas ni conclusiones definitivas, pero sí una transmisión viral de formatos descomplicados, de lugares comunes entre desconocidos, de hilos conectores entre personas e ideas que se parecen o se oponen. Aquí hay cabida para curiosos, estudiantes, conocedores o expertos profesionales que quieran hacer parte de la producción de algo más grande que sólo la suma de las partes, de lo colectivo, de lo experimental, que se sitúa más dentro de un proceso de sustracción que de adición de información.

2. INSTITUCIÓN

No es casual que Walter Benjamin construyera su “Libro de los Pasajes” en torno a esta analogía entre un paseante urbano y el visitante de una exposición. El cuerpo del espectador en este escenario se mantiene fuera del arte: el arte toma lugar frente a sus ojos como un objeto de arte, un performance o una película. Por lo tanto, el espacio de exposición se entiende aquí como un espacio público, vacío y neutral, como una propiedad simbólica del público. La única función de un espacio como este es hacer que los objetos de arte que allí se instalan sean de fácil acceso para la mirada de los visitantes.

Boris Groys7

El programa de exposiciones individuales debía ser una apuesta definida por parte de Laagencia, otra manera de sentar una posición frente a la visibilización de procesos y resultados en formatos curatoriales, de montaje, modos de hacer y relaciones de trabajo. Aunque el espacio siempre estuvo abierto al experimento y a las propuestas de exposición, no auspiciamos una sola convocatoria abierta para promocionar el proyecto como un nuevo espacio de exhibición, como una oportunidad para circular objetos. Nos interesaba más el concepto de creación desde el sitio específico. Íbamos en busca de los artistas que nos interesaban para proponerles una forma de trabajo, no sólo para evidenciar sus procesos sino también los mecanismos de producción. El espacio funcionaba como una plataforma basada en la cercanía, tanto con las obras como con el público que asistía. Las exposiciones nunca estuvieron mediadas por un texto curatorial o explicativo, ni plotter ni fotocopias que la justificaran; por un lado el artista siempre estaba presente, por lo menos en la inauguración, y por otro perseguíamos la idea de un espacio con la mínima cantidad de mediación, situación que inevitablemente llevaba al diálogo.

En Laagencia no hubo ni ha habido divisiones de trabajo o roles establecidos, y aunque reconocemos que sí hemos intentado implementar ese gesto operativo de la eficiencia, identificando habilidades particulares para llevar a cabo tareas específicas, todas las veces acabamos saboteando nuestra propia estructura, siendo todos responsables y culpables a la vez. Esto nos ha permitido generar ambientes de trabajo más orgánicos, sin que esto quiera decir más organizados; somos una oficina de proyectos desjerarquizada, nos relacionamos de forma horizontal.

A los pocos meses de abrir el espacio, alguien nos sugirió que podíamos constituirnos como una residencia para artistas dentro de una red de residencias que estaba iniciando, y que tal vez esa podía ser una manera de sostener el proyecto, además de entrar en contacto con artistas y organizaciones de otros contextos. En un principio, y siguiendo el guión de la presentación, fuimos una residencia de papel con espacio prestado8, al mismo tiempo que nos insertábamos dentro de la Red de Residencias Iberoamericanas9. La red no estaba formada únicamente por “instituciones” y en ella había espacios autónomos y colectivos informales, el tono del diálogo que se dio al interior de esa red patrocinada por una institución gubernamental europea, era de otro talante, las propuestas eran ambiciosas, y alcanzamos a sentir que el futuro estaba en todos lados y que todo era posible.

Después de ganar nuestra primera convocatoria, de hecho la primera de este tipo diseñada para espacios independientes en la historia de nuestra república, invertimos esos recursos públicos en adecuar dos talleres del edificio como habitaciones completamente equipadas. Todo muy discreto y japonés. En este segundo momento, la residencia supuso la realización de convenios con órganos gubernamentales y privados, se convirtió en el motor de autogestión para el proyecto pues hasta ese momento nuestro modelo de financiación era una mezcla precaria de venta de cerveza, alguna obra y sobre todo filantropismo propio, como decíamos entonces: somos un espacio sin ánimo de pérdidas. Lentamente cada vez había más verdad en nuestra ficción, más gestión en nuestro arte.

Después de todo, las residencias son una institución en el campo del arte, es la institución del movimiento y de la producción contemporánea e inmediata, del arte globalizado. ¿Qué supone entrar en diálogo con esta institución global? Figuramos en el mapa internacional del arte (junto a otros quinientos espacios de todo el mundo) en la heterogénea selección del Art Spaces Directory del New Museum10 con prólogo de Víctor Albarracín y todo.

En este punto de la historia entramos en la relación más delirante y ambiciosa que llegamos a mantener con el espacio. Con el superávit de un trabajo de diseño, en el cual Laagencia se organizó y funcionó como agencia de publicidad “efímera” para la realización de la página web de la red de residencias, nos embarcamos en un proyecto de renovación arquitectónica con una de las oficinas del edificio. Era un proyecto de adecuación de la totalidad del edificio, con maqueta incluida. La adecuación suponía pensar el funcionamiento integral del espacio articulando los tres programas que sucedían allí. Proyectamos un aumento del área dedicada a la programación abierta al público, con centro de documentación, espacio múltiple, café, tres residencias, paredes móviles, fachadas abatibles y talleres compartidos. Causante de ese delirio fue también la participación en un proceso de estructuración de proyectos para las industrias culturales, patrocinado por el Ministerio de Cultura dentro de su programa Fondo Emprender, fue la tesina de ese proceso; un monstruo hecho en Excel y render del cual finalmente desistimos; podemos ser de todo pero nunca una industria cultural, por lo menos no como nos la intentaron enseñar. Conceptos y argot como punto de equilibrio, rentabilidad, utilidades, número de empleos directos e indirectos, proyecciones, tabla de flujo, no se aplicaban a nuestra práctica y escala, evidenciaba nuestra simulación.

En este clima de reconocimiento e institucionalización es cuando se gestionó la mesa de espacios independientes de Bogotá. La mesa surgió inicialmente por iniciativa de los espacios con la excusa de hacer una publicación periódica que diera cuenta de la actividad de los espacios y funcionase como ejercicio de extensión dentro de la práctica de los mismos. Esta plataforma le fue útil al IDARTES para poder comunicarse con un sector cultural de la ciudad, otra mesa más; la figura de escucha y diálogo para/con la institución. Se le preguntó a la mesa ¿Cuáles son sus necesidades?¿Cómo los podemos ayudar? Se habló mucho de recursos, de la convocatoria de espacios, de posibilidades de formación. Hubo algunos avances y momentos importantes como el taller con Nekane Aramburu. Eventualmente el diálogo se rompió a partir de una diferencia de apreciación de lo que es la crítica institucional11, curiosamente no sólo se acabo el diálogo sino la mesa misma.

Aquí, y después de lo descrito anteriormente no es ninguna sorpresa, hubo una reversión en el flujo de como sucedían los proyectos en Laagencia; ya no éramos nosotros quienes salíamos en busca de proyectos pero eran ellos quienes venían en busca de un espacio dónde poder circular; nos volvimos administradores de un servicio, éramos testigos de la pérdida de interés por parte del público, del status de “novedad”, nuestra propuesta se había desgastado, estábamos muy ocupados instituyendo.

3. FORMACIÓN

Siguiendo una tradición de los espacios autónomos de Bogotá, cerramos el espacio en el más solemne silencio. Pasamos por un momento inicial de divagación, en el cual buscábamos un nuevo contenedor para el mismo contenido. Eran tristes y nostálgicas las discusiones que sucedían en las visitas a estos posibles nuevos espacios; sobre si cabía ahí o no Laagencia, si podían vivir ahí los residentes, dónde se iba a exponer, cómo se iban a distribuir los talleres y las oficinas, cómo se iba a financiar eso, de dónde íbamos a sacar fiadores, si iba a llegar gente hasta este lugar, etc. Finalmente abandonamos la búsqueda y nos quedamos en el mismo edificio, pero sin sala de exposición. Incluso llegamos a decir que Laagencia era un grupo en Whatsapp. En ese momento no sabíamos que aunque no tuviéramos lugar todavía teníamos un espacio.

Al no tener lugar nuestra carga administrativa y económica se aligeró, pero también perdimos una pieza importante de nuestro modelo de gestión. Y en un momento de necesidad, en el fatídico primer trimestre del año, sin residentes ni otra posibilidad de generar ingresos, fuimos acogidos por el Mercadito & Mentidero, que estaba empezando a operar en el Mercado de las pulgas de San Alejo. Ahí logramos, entre otras cosas, deshacernos de una cantidad ingente de todo tipo de objetos y superar la crisis económica. Sin saberlo nos estábamos preparando y auto-educando para ArteBa (feria de arte de Buenos Aires) donde acabaríamos exponiendo un par de meses más tarde en la sección de Barrio Joven, mediante una campaña de crowdfunding, ¿Qué comparten y en qué se diferencian la dinámica de un mercado de pulgas y una feria de arte? Es cierto que mientras en el mercado se intenta acumular y disponer todo lo que se pueda en el espacio de exhibición (menos es menos), en el otro lugar la regla general es intentar mostrar sólo lo justo por medio de una estética de escasez artificial (menos es aunque haya más).

Así volvimos donde habíamos empezado, al grupo de estudio. Al ejercicio de lectura y discusión de textos, todas las semanas. A diferencia del primer grupo de estudio ahora las discusiones estaban centradas en la experiencia de nuestra práctica, de la escena. Lentamente se fueron convirtiendo en un ejercicio de análisis, de investigación sobre lo informal y lo autónomo; las discusiones y las preguntas se hacían a la luz de la autocrítica, el análisis sobre modelos culturales, sobre formas de hacer. Llegado un punto sentimos la necesidad de abrir al público este ejercicio, a otros espacios y agentes, el grupo de estudio debía incluir a los demás para ser efectivo de alguna manera.

Fue así como reunimos los argumentos necesarios para poder proponer la Escuela de Garaje como un proyecto realizable, y por qué no, replicable. La Escuela se planteaba como un modelo de investigación y diálogo que nos devolvía la palabra y la posibilidad de proponer, nos volvía a incluir como colectivo y no solo como gestores. Aquella primera Escuela, posible y gratuita gracias a una beca de Estímulos para Espacios Independientes del Ministerio de Cultura, fue un modelo beta, un modelo preliminar:

La Escuela partió por un lado del deseo de ensamblar formatos curatoriales y por otro, de la intención de producir un proceso que permitiera articular diferentes problemáticas —urgentes, circunstanciales, contingentes— frente a los nuevos procesos artísticos ‘independientes’ o ‘autónomos’ que emergieron en Bogotá en los últimos cuatro años. La Escuela volumen beta fue un programa de investigación preliminar; un borrador para un proyecto cuya finalidad no fue previsible; un modo ‘beta’, previo a la construcción de otra versión; eventos que no fueron articulados bajo una premisa de ‘efectividad’.

El volumen beta presentó una serie de puestas en escena: Un grupo de estudio, una serie de Proyecciones, conversaciones, un archivo en línea. En parte un formato curatorial y en parte un pseudo-programa de investigación, La Escuela de Garaje volumen beta fue un esquema ‘previo’ y ‘preparatorio’ que exploró diferentes prácticas y procesos de producción de escenarios discursivos. Planteada únicamente como una agregación de eventos paralelos a una estructura ausente (o bajo la premisa de la evacuación de la estructura), el formato enfatizó una construcción y constitución extra- curricular: extra denotando el espacio periférico—el ‘fuera de’ un currículo determinado. Para utilizar analogías descartables: estructuras no fundacionales, una improvisación sin guión y una serie de eventos que orbitaron en distintas trayectorias y evadieron un campo gravitacional unitario.

Como resultado de esa Escuela desarrollamos un método de investigación, de estudio curatorial y de encuentro que nos permite, desde la identificación y propuesta de líneas temáticas, generar plataformas de reunión, para dialogar y confrontar desde el disenso; estructuramos una especie de programa personalizado y autodirigido hacia un estado de criticalidad12. No una escuela de arte, ni únicamente para artistas, no pretende suplantar la educación formal; es una escuela de pensamiento, indisciplinar13, donde cada uno decide su grado de implicación.

También la estructura y temporalidad de la Escuela responde a otro momento de Laagencia; a una lección aprendida después de una compulsión por la economía del evento y la insistencia por tener un programación constante con cuatro o más eventos al mes, y el consiguiente desgaste que supone hacer una exposición que solo es visitada el día de la inauguración. Darle un tiempo específico a la Escuela significa que los esfuerzos y el presupuesto se concentran e invierten de forma más efectiva. Esto nos ha permitido retomar proyectos personales en sinergia con el colectivo; podemos darle sentido nuevamente a eso que alguna vez una amiga dijo de nosotros: Somos un grupo de gente que trabaja individualmente en un proyecto colectivo14.

Ahora nos encontramos a punto de empezar otra Escuela temática de un mes; una escuela sobre lo común. También estamos en el proceso de investigación para formular el próximo Salón Regional Zona Centro, una investigación que lo primero que hizo fue desbordar esa delimitación política de centro para entender la educación en arte como un territorio en sí mismo, una zona que tiene características propias; flujo y movilidad, tanto de personas como de discursos y prácticas. Nos hemos desplazado a otras regiones del país para identificar ese territorio, y sin ningún ánimo de diagnosticar o comparar, queremos que esas personas, discursos y prácticas que habitan esa zona sean las que asistan a la Escuela y la estructuren. Con cada visita nos convencemos más de abrir la Escuela, de desbordar lo que hasta ahora reconocemos como la institución del arte, de transformar un Salón en un Aula.

Existe la necesidad de comprometerse con la realidad de una forma comprensiva y directa, construir un campo común para la ciudad dividida, encontrarse, trabajar y plantear preguntas pertinentes para responderlas tan prácticamente como posible, objetivos que son a menudo el centro de las preocupaciones de una escuela.

Anton Vidokle15

Nos gustaría resaltar el importante lugar que ha tenido, y sigue teniendo, la publicación sobre el Segundo Encuentro de Investigaciones Emergentes, Creación, pedagogías y contexto16, dentro de nuestra investigación para el Salón. Tan importante ha sido que cariñosamente la llamamos nuestra “Biblia”, lo cual también nos hace caer en cuenta de la paradoja que supone participar en un encuentro sobre institucionalización que toma lugar en una Universidad y se realiza en conjunto con una entidad pública para la cultura. ¿Que supone que lo aquí dicho pueda llegar a convertirse en material de investigación, como lo fue para nosotros esa publicación?¿Estamos en el lugar equivocado?

No estamos seguros si con esta presentación sobre la breve historia de un espacio, interpretada como un proceso de formación, hemos logrado responder a todas las preguntas que se planteaban desde el Encuentro, pero buscamos responder desde nuestra práctica de instituir, y lo que han conllevado sus cambios y transformaciones, su funcionamiento interno y las razones por las que ha existido y existe ahora.

Todavía es pronto para saber los efectos a nivel de institución de lo que hacemos, y lo que pueda llegar a significar, lo cierto es que nuestro interés radica en hacer escuela desde lo autónomo; darle una agencia a esta inteligencia compartida, a esta sensibilidad. Lograr traducir el impulso de litigar y hacer visible desde el objeto y la producción hacia un proceso de enseñanza y aprendizaje.

Existen instituciones que operan de otras maneras, pero todas tienen algo en común; el trabajo productivo, la administración de la experiencia y la regimentación del tiempo. La dinámica de traer y apropiarse de estas otras maneras es una de las características, potencias y fachada de establecimientos informales como el nuestro. Nada nuevo bajo el sol, desde Sócrates hasta Sholette estas maneras se renuevan, y siguen siendo las mismas:

Gracias a esta labor del disimulo los artistas se deslizan entre barreras sociales; hasta se mueven entre distinciones de clase para hacerse pasar por algo que no son. En tiempos de Sócrates los artistas replicaban el trabajo de los artesanos — sillas, pan, zapatos, bridas de caballo. Hoy en día los artistas imitan un producto de la economía post-industrial particularmente: la administración, el afecto y el poder intelectual de las instituciones.

Gregory Sholette17

Quizá no exista un afuera de la institución arte, o si existe no podemos existir en él como artistas, pero eso no significa que no se pueda operar desde el arte, de manera indisciplinar, hacia otras áreas o lugares. Para poder superar esa dicotomía del adentro y el afuera algo habrá que cambiar en nosotros mismos.

Muchas gracias,

 

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1 Ospina, William, Colombia en el planeta, Gobernación de Antioquia Secretaria de Educación y Cultura. Dirección de Cultura. 2001.

2 Fraser, Andrea, What is institutional critique?, Texte Zur Kunst sept. 2005. Traducción del autor

3 ibid

4 Buren, Daniel, The function of the studio, October Magazine, 1971.

5 Rancieré, Jacques, La división de lo sensible. Estética y política, Salamanca 2002 Ciudad Europea Cultural. 2002

6 Estos fueron los textos fundacionales que constituyeron las prácticas con las que Laagencia se comprometía.

7 Groys ,Boris, Politics of Installation, e-flux journal #2 —enero 2009.

8 Nuestro primer residente, Alfredo Román, proveniente de Santa Cruz, Bolivia, en intercambio dentro de la red con KIOSKO, se hospedó en El Parche.

9 http://residenciasenred.org/

10 New Museum + ArtAsiaPacific; 2012.

11 Malos términos 1 parte, http://goo.gl/heC5D6

12 La criticalidad la asocio con el riesgo, con una forma cultural que reconoce lo que se pone en riesgo sin ser capaz de articularlo completamente. ‘Criticalidad’ como yo la percibo está precisamente en la operación de reconocer las propias limitaciones de pensamiento, ya que uno no aprende algo nuevo hasta que uno desaprende algo anterior, de otra manera uno simplemente está adicionando información más que repensando una estructura. Rogoff, Irit, We – Collectivities, Mutualities, Participations. Goldsmiths College, London University. 2004.

13 Indisciplinar como un término que aborda la idea de disciplina desde la desobediencia consecuente. Indisciplina como una actitud, un ejercicio constante que mezcla los usos de la clasificación y la definición con la experiencia y lo que no está dado por hecho.

14 Viñeta de Power Paola, Revista Arcadia Nov 2012. http://goo.gl/PC0Ri9

15 Vidokle, Anton, Notes for an Art School, Manifesta 6 School Books, 2006.

16 Segundo Encuentro de Investigaciones Emergentes, Creación, pedagogías y contexto. IDARTES, U. Jorge Tadeo Lozano, La Silueta, 2013.

17 Sholette, Gregory. DARKMATTER, Art and Politics in the Age of Enterprise Culture, Pluto Press, 2011.